De la estática mecanicista, una aproximación…

De la estática mecanicista, una aproximación…

Payé, balayé, oublié (pagado, barrido, olvidado)

¨Non, je ne regrette rien¨ (No, no lamento nada)

Michel Vaucaire. Edith Piaf

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Entre los años sesenta y setenta, el escritor argentino Julio Cortázar creó unos seres que traducían las mecánicas imperceptibles de las relaciones sociales. Los Cronopios, en búsqueda de evolución; las Esperanzas, que aplaudían cualquier iniciativa de los cronopios y las Famas, que apoyaban irrestrictamente lo establecido, hicieron un mundo, dentro de la literatura donde se manifestaban las extrañas fuerzas que dominan al ser humano en sus relaciones con el entorno y con la propia materia síntesis de su espíritu.

Hoy Lizardo Chijona, artista plástico multidisciplinario, nos sumerge de cabeza en el mundo de la estática y como si nos llevara de la mano de estos seres imaginarios, nos indica el camino para entender esta parte de la física funcional aplicada a la Mecánica, con sus fórmulas de cargas, descargas y cuerpos muertos. El caso analizado en su obra comienza por observar la ronda en los establecimientos o rincones donde se han movido el miedo, como el tema de las Esperanzas, del atrevimiento sojuzgado, como el juicio de las Famas y el pensar filosófico sin acción, como el argumento de los cronopios.

Se dice, en la física, que un objeto se encuentra en estado “estático” cuando la suma de fuerzas es igual y lo obligan a asentarse en un solo lugar sin el empuje de una fuerza mayor. Alega la ecuación, del algebra vectorial, que para entender la estática hay que buscar la suma de fuerzas y entender la adición de los puntos albergados sobre un mismo territorio. Lizardo Chijona nos devela, con su trabajo, el arcano social de las cuales están hechas las comunidades inamovibles, donde los trazados sociales y políticos vienen arraigados por el miedo, por la lingüística de lo “estático”; por el eterno comienzo de lo equivalente como una sinfonía creada en lo mismo, como un empecinamiento que transita del punto “A” a la fuerza del mismo espacio, sin balance, sin eje. De allí el retrato tridimensional de la escobas que a manera de reloj, sin deshacerse, nos remite a las pesadillas del tiempo de Salvador Dalí.

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El artista recoge, sin cortapisa, el contexto citadino postrado en el recelo al cambio, en el orgullo cotidiano de ver con desconfianza más allá del mar. Establece, como un juego lóbrego pero lúdico e ilustrativo las bases matemáticas donde se sientan la exasperante comodidad de un tiempo que no pasa en apariencia, de colores que nos desdibujan realidades, como lo es el amarillo, asociado con la gracia de Dios, con la semejanza de Baco y sus faunos alegres correteando el sol; con el verde, que se traduce en metafísica como un calmante para el pensamiento y el rojo, que desde ancestrales centurias se asocia con el poder y la ambición, pilares estéticos donde Chijona imprime lo estacionado para dilucidarnos que un mundo político sí es posible verlo en lo dimensional de la escultura. Los puntos físicos haciendo que el empuje establezca al objeto en un solo lugar, como sucede en las relaciones ministeriales del poder.

Vemos elementos históricos violados, como la vertiginosa silla que asciende rota, guillotinas que cortan escobas, único vehículo conocido de las brujas, relojes parados sin lugar a fechas, cadalsos que suponen una imaginaria cabeza. Todo un catálogo del desasosiego al poder pero del mando en sí mismo, con una sofisticada mirada al ejercicio oficial que se sienta sobre la fuerza implantada. Los cronopios deben sentirse agradecidos, las famas aludidas y las esperanzas aplaudiendo en silencio, ante la bofetada de vernos, ante una estática que emocionalmente nos señala los complejos y la falsa humildad ante la involución y el escaso cambio.

Gerardo Martínez

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