La pintura de Enrique García Saucedo. Parte 3

La pintura de Enrique García Saucedo. Parte 3

[Lex+Cesarea+1+.jpg]

[ind_virgen.jpg]

Tres Iconos femeninos
Guadalupe Provocadora

 

Hablar de la Virgen de la Guadalupe, es hablar de todo México. La Guadalupe, “La Lupita”, está dondequiera: en lo comercial, por no enumerar el inmenso universo en lo cual se usa su imagen, en lo espiritual, con las notas sociales que gigantescamente abren brechas en toda la actividad política mexicana, en lo sincrético, porque la Guadalupe nació de varias vertientes.

Nace como asosiación espiritual de la madre naturaleza, representada en lo Azteca, difuminada hacia las culturas mayas y del sur de México, la lupe, la guadalupe, la lupita es un embrión de patria por donde se une el mexicano con el marianismo. La edificación cristiana nos viene en cascada de encuentros y desencuentros con la imagen materna de Jesús el cristo, la Maria edificadora de las bases eclesiásticas de la igelsia católica romana hace su deslumbrante aparición en la pintura tríptica de Saucedo.

El fenómeno guadalupano, de multiples caras y variedades visuales es un mundo complejo que arranca desde el momento en que nuestros originarios habitantes recrearon las leyes de la naturaleza que lo dominaban, germina pues de El árbol de Chicomecóatl, entre otros puntos, Chicomecóatl, en náhuatl “Siete-serpientes”, la diosa mexicana de la subsistencia, en especial del maíz, principal patrona de la vegetación y, por extensión, diosa también de la fertilidad. Esta deidad lleva el sol a sus espaldas y es su simbiosis con él lo que la hace fuerte, ser madre de todas las criaturas vivientes, también de los movimientos de la vida, de la noche, de los vientos y del ulular de los árboles cuando son rozados por la brisa que viene de lejos.

Mientras que Ayauhtéotl es la dueña de la noche y la vanidad, Chicomecóatl, muy contraria hace una vida muy diferente signada por el crecimeintoi natural de los entornos y de los pueblos.

Enrique Saucedo se atreve a desacralizar esta su imagen y la baja del pedestal sacrosanto para convertirla mujer, la hace tan completamente femenina y contempóranea que si bien la madre de Jesús concibió por espíritu, entonces para seguir virgen hubo de administrarse la cesárea y así es la Guadalupe de Saucedo.

La virgen está dispuesta a la manera oriental de esconderse detrás de un velo bíblico. Nos muestra unas manos cruzadas sobre su vientre planteándose la estigmatización de su futura procreación. Es un acto de valentía del pintor y también de humanización de un icono.

Dice Evelyn P. Stevens, “Marianismo: La otra cara del machismo en Latino-América”, que: El marianismo es el culto de la superioridad espiritual femenina, que considera las mujeres semidivinas, moralmente superiores y espiritualmente más fuertes que los hombres. Esta fuerza espiritual engendra la abnegación, es decir, la capacidad infinita de humildad y de sacrificio…

Así ve esta antropóloga norteamericana al nacimiento de una corriente social y religiosa que abraza ardorosamente todas las esquinas de este continente. Mientras que en la pintura de Enrique la virgen ya ha dado a luz, silenciosa se retrasmite como un mensaje divino y remarcador de costumbres.

Por otro lado la iconografía que delimita el retrato viene dado por el color del velo, en verde, ya planteada su teoría más abajo. Sin embargo no sólo es el color, es las incrustaciones de espinas que bien definen tres elementos: El Cactus, símbolo popular del mexicano en el exterior, el dolor ante el sacrificio humano hecho al entregar su hijo, la madre naturaleza: gaia tierra en toda la expresión de la palabra. Tres planos que se entremezclan para recrear un marco teórico que define no solo el sitio de origen sino la autentificación de tener una propuesta mariana sólida y con todos los elementos mexicanos posibles.

“Lex Cesárea” es un cuadro concebido para la polémica, iniciándose esta cuando la misma iglesia apostólica y romana enfrentó y enfrenta a un sector público, político mexicano que trató con leyes de transferir poder y autonomía a los individuos y a la ética medica para decidir sobre temas tan punzo penetrantes como lo son el aborto y las nuevas concepciones familiares (transgéneros, gay ,lésbico). La proposición es una catacea llena de espinas.

A momentos la virgen de Saucedo parece una dama del boxeo acompañada de su bata de baño. Todo un poema oda a la agresividad religiosa de un icono.

 

Gerardo Martínez

Please follow and like us: