Lino Vizcaíno: El arte y la religión Yoruba son inmensos

Lino Vizcaíno: El arte y la religión Yoruba son inmensos

Cuando Lino Vizcaíno llega al sitio donde él se traslada, llegan con él las leyendas, llega la vida desde el punto de vista Yoruba y también arriba la forma de ser de los orishas. Lino es uno de los pintores, para ser más exacto, de los dibujantes más concretos, explícitos y matemáticos que mis ojos hayan logrado percibir. Si trazar una línea exacta, que luego se convierte en el cabello de Oshun, es exacta, valga la redundancia, entonces esa la hizo Lino, el pintor del mundo ancestral negro africano, del mundo antiguo cubano.

Lino nos llegó de visita dentro de un plan, aún no concretamente finalizado, de llamar a los artistas para la promoción y venta de su arte en México y el mundo. Entre sus maletas vino no solo la cubanidad sino el alma de una nación que lleva en sus venas la sangre cimarrona de esclavos que huyeron y se liberaron para seguir viviendo su mundo en otro mundo.

Lino, ¿porqué dibujas todo el grupo mitológico Yoruba?

Primero porque es inmenso, segundo porque es mi entorno y tercero porque les rindo homenaje a este gran grupo de seres espirituales que son esencia de nuestra vida.

¿Además de pintar el inmenso panteón Yoruba, dibujas a la Cuba actual ó a la antigua y clásica?

Ya la Cuba anterior a mi tiene registro. Cada pintor busca la forma de plasmar su contexto ó pensamiento a su manera. A mí me tocó escuchar las leyendas ancestrales y ritualísticas afro caribeñas a través de los labios de mi abuela, quien decía que mi bisabuelo llegó de un lugar de grandes animales y que bañando un día con sus amigos en un río fue apresado por hombres de barbas rojas. Siempre mi familia me hizo hincapié en que yo y ellos veníamos de un lugar lejano, de un lugar donde había grandes animales que corrían aleteando sus inmensas orejas y de cabras con un cuello inmenso como escaleras que miraban al cielo.

¿Ese mundo era África?

Sí, era la franja central del inmenso continente africano. De allí venían mis ancestros y en específico mi bisabuelo quien fue tomado como rehén y luego vendido como esclavo a los grandes señores de la caña cubana. Ese cuento lo corroboro cuando visito Angola en los años 80 y comienzo a tener roce con el contexto que me va indicando que mi ancestro venía de allí y que ese era su mundo, de donde fue extirpado para llegar al Caribe.

¿Fue tu abuelo un negro cimarrón?

No, fue un señor que se asimiló a una Cuba que nacía prospera dado a los “Sugar Bonus” que prosperaban en el mercado y que llenaban las arcas de algunos. Allí se inserta y trabaja y nosotros somos sus descendientes nacidos y criados en Guanabacoa. Se dice, aunque no lo he corroborado, que mi abuelo fue uno de los mambises que lucharon al lado de Carlos Manuel De Cespedes. Es una tarea que tengo pendiente como artista y como historiador de mis raíces. Las historias están desperdigadas , en Muchas partes de Cuba y si no lo hago a tiempo nada quedará para la historia y para las próximas generaciones. Para el porvenir.

¿Cómo fueron tus inicios como dibujante?

Como todo niño, inquieto por dibujar mi entorno. Mi abuela me llamaba para comer y yo seguía dándole al lápiz sobre el papel. Me encantaba hacer rayas exactas y líneas que definieran una figura.

Y cuéntame tus procesos hasta integrarte en el mundo de las artes visuales cubanas.

Eso es una parte hermosa de mi vida. Yo me inicio en cuando estudiaba en la escuela secundaria, lo que aquí en México llama la prepa. La FEEM, Federación Estudiantil de la Enseñanza Media, así como la FEU, Federación Estudiantil Universitaria, hace anualmente concursos y torneos de artes. En ellos participé y fui dándome a conocer. En este momento usaba el color. Un color plano y que me servía para llenar la imagen. Aun no usaba los tonos y el rompimiento del color y mucho menos llegar hasta el punto de cromatismo que hoy estilo.

Eso sí, cuando visito y vivo en Angola a partir del año 1982 hasta el año 1984, comienza en mi vida a gestarse un fenómeno de incorporación y búsqueda de mi ancestralita, así como de mis raíces africanas. Mi mamá y mi abuela me decían que yo debía participar dentro de mi religión Yoruba, sin embargo no estaba integrado ni lo tenía como refererencia. Es en África donde comprendo la inmensidad que para mí y mi arte podía tener el sincretismo barroco que estaba viviendo.

De acuerdo a lo que me dices, el continente africano es toda una serie de acontecimientos que te sirvieron como soporte y escuela.

Así es, para mí Angola es el libro por el cual caminé. En este continente todo es grande, mágico y magnificente. Si te pica un mosquito puedes morir. Si el sol no sale y llueve entonces es el diluvio, si hay sequía la catástrofe es bíblica. Los contrastes más fuertes que una persona puede ver los ve allí. Pasar de la tierra roja y seca a las montañas verdes azuladas más intensas…sólo allá.

¿Entonces te traes, desde Angola, un regalo de Dioses a Cuba?

Claro, cuando llego a La Habana comienzo a trabajar con una empresa del estado, “dearq”, que decora grandes espacios como los son espacios turísticos por citar un ejemplo. Esta empresa me pide junto con un equipo multidisciplinario hacer una remodelación de una zona de la ciudad de Trinidad, hoy baluarte cultural de la UNESCO y allí vuelco a tener contacto con los grandes pintores de la expresión primitiva de la pintura de la provincia cubana. Comienzan a nutrirme su color y sus formas, sus líneas y la densidad del mensaje pintado y dibujado. Es una etapa bella porque fue de pura reflexión, que me llevó a determinar que eso era lo que yo quería.

Comienzo a dibujar entonces el mundo de los Güijes, ó Jigües como es su nombre original. Ellos son los seres que habitan el bosque. Son como niños traviesos, creo que en Yucatán se le llaman Aluxes. Ellos son seres mitológicos que cuidan el entorno natural y el humano y son el puente entre naturaleza y hombre, hombre y deidades. Son muy bellos. Increíble pero cierto esto me va llevando a conocer cada vez más el contexto Yoruba, Santero y Orisha y lo comienzo a plasmar sobre papel.

Para el entonces ya las autoridades cubanas han visto en el arte religioso afrocaribeño una veta de expresión y genialidad. Ya Mendive, Belkis Ayón y Ana Rosa Gutiérrez están en la palestra haciendo este tipo de obra, mejor dicho este formato, esta escuela.

 

¿Los roces de los artistas y críticos ayudaron a consolidar tu obra?

Si como no, artista que no permita el roce artístico, la crítica, tan necesaria todo el tiempo, es un artista muerto, un fruto que se queda en la decoración y no en registro crónico de la historia de las artes de un lugar y de un contexto.

Una de mis primeras individuales la hago en la Galería MERCEDITAS VÁLDEZ y allí confluye una muy buena crítica que valoró la obra como un proyecto que integraba lo sincrético con lo expositivo. Fue muy bello.

Sin embargo tengo que aclararte que antes de esto tuve mucha relación maestra – alumno con la pintora Ana Rosa Gutiérrez, que fue una mujer que dio la talla en las artes gráficas de mí país y que fundó, junto con otros, el Taller Grafico (TG), tan tomado en cuenta hoy como referencia mundial. Ella me da obras para leer, temas para escribir sobre la cartulina. Fue una mujer que me dio semillas para mis frutos. Que lastima que se nos fue porque era de primera.

Cuáles serían tus recomendaciones para los estudiantes de Artes Visuales…

Mis recomendaciones van para el estudiantado, quien debe juzgar en lo positivo las conveniencias de la cual va a estar elaborado su trabajo. Pero por otro lado todo el conocimiento que tienen galeristas serios debe ser volcado allá, puesto que ese conocimiento les permitirá moverse entre lo que llámanos “Mercado del arte”.

Mercadeo del arte…

Si, ese mercado que es muy difícil.

¿Se inscribe tu obra sobre el Mundo Santero con estos proyectos?

Por supuesto, toda obra redacta un registro de la vida y ello la hace universal. Claro que mi forma de describir el mundo establece una forma y yo la puedo transcribir a lo que se busca y lo puedo y debo adaptar a los moldes requeridos.

Muchas Gracias Lino y esperamos que tus obras y palabras sigan el registro del mundo real y maravilloso del Mundo Yoruba

Gerardo Martínez.

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