De cómo los mayas vestían y adornaban sus cuerpos

De cómo los mayas vestían y adornaban sus cuerpos

Historia del vestido

en aproximaciones personales….

 

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Los hombre mayas, campesinos y agricultores usaban el “ex” (“taparrabo” dicho en lengua maya) atado de diversas maneras: El peón o el vencido en la guerra, lo llevaba como una simple banda angosta, anudada atrás; era su única prenda de vestir, sus nalgas muchas veces se dejaban ver y en ellas a veces llevaban un tatuaje que indicaba o bien su lugar social o bien su elemento distintivo por la cual se le conocía.

En cambio, la gente de alcurnia usaba bandas anchas, con los extremos decorados, en pinturas, conchas y piedras, con tejidos complicados, o con anchos flecos de anudado, o bien con adornos formados con plumas o cuentas, y figuras labradas en piedras preciosas.

Hay que agregar que las clases pudientes, en estas ciudades estados eran o bien perteneciente a grupos religiosos, sacerdotales o bien a descendientes de príncipes o guerreros, el resto de la sociedad eran simplemente obreros.

Algunas estelas y figurillas muestran las prendas de vestir como una obra de arte en sí misma, bien estructurada y de gran plasticidad. Casi toda la vestimenta, telas e hilados provenían de plantas, bejucos y cañas machacadas hasta el extremo, donde luego de ser pulpa se secaba y se hilaba en ruecas muy particulares, con simbología que indicaba si el hilo sería parala clase pudiente o si eran telares para el pueblo o los mercados.

En ocasiones se usaba una tela más ancha, para formar una especie de delantal o falda muy corta. Todo esto contextualizado con los climas variantes, las zonas mesoamericanas van desde payas a selvas tropicales y de mesetas a zonas montañosas y la variedad de climas establecía formas y maneras de vestir. En algunas zonas la pieles de animales eran consideradas artículos de lujo, mientras que en otras entidades solo un jubón o manta transparente cubría sus cuerpos.

Otras veces eran verdaderas faldas, sujetas a la cintura con un cinturón decorado con tejidos especiales o piedras preciosas y, rematados adelante y atrás, con broches de piedra labrada, generalmente en forma de caras. Algunas faldas eran muy cortas, tapaban apenas el vientre; otras cubrían medio muslo y otras llegaban hasta el tobillo. Las faldas estaban hechas de tejidos complicados, de pieles, de redes que cubrían lienzos lisos, de plumas y otros adornos cosidos a la tela. A veces se usaban varias faldas sobrepuestas de largos diferentes. Algunas figuras muestran el uso de pantalones cortos y otros largos, ajustados a la pierna.

Sobre los hombros se usaban una especie de capas de diferentes formas. Las clásicas tilmas de los mexicas, eran llamadas “patí” en lengua maya; y estaban formadas por un lienzo cuadrado o rectangular, que los mayas ataban generalmente enfrente por medio de un nudo o un broche de variada manufactura. Se anudaban dos puntas cercanas, y el lienzo cubría los hombros y el dorso llegando casi a los tobillos. Las telas se confeccionaban con diversos ligamentos o se bordaban posteriormente. Rara vez se ataban atrás las puntas diagonales, con lo cual el lienzo cubría el frente en forma triangular. También se usaban capas cortas, abiertas adelante, confeccionadas con plumas, telas decoradas o pieles. Se usaba también lo que constituía la versión maya del “xicolli”, abierto o cerrado, en ambos casos corto y pegado al cuerpo, a manera de chaleco. A veces se aprecia en esta prenda la adición de mangas. Existe una figura que lleva un verdadero abrigo, abierto adelante, rematado con una capa corta y mangas.

Los hombres calzaban sandalias, integradas por una plantilla sujeta al pie mediante correas que pasaban entre los dedos y se ataban alrededor del tobillo, y por una ancha banda de piel, tela, o fibra dura que cubría el talón. Estos “cactles” estaban adornados de muchas maneras, algunos con complicadas representaciones de deidades. Algunas figuras maya muestran el empleo de rodilleras, pero no aparece con demasiada frecuencia.

El atuendo de las mujeres maya estaba integrado por el enredo de varios telares sujetado a la cintura con una faja. A menudo esta prenda constituía el único ropaje, además de una manta para cubrir la cabeza y que de noche servía de cobertor.

Diego de Landa Calderón cuenta, en su libro: “Relación de las cosas de Yucatán”(México), que: “Las indias de la costa y de las provincias de Bacalar y Campeche son muy honestas en su vestir, pues allende de la cobertura que traían de la mitad para abajo, se cubrían los pechos, atándoselos por debajo de los sobacos con una manta doblada”. Ambas formas de vestir, descritas en el siglo XVI, ya se veían en figurillas de la época clásica.
Las mujeres de alcurnia generalmente portaban un huipil ancho y largo, suelto o amarrado sobre la cadera. Una característica especial de esta prenda era la costura lateral de los lienzos, adornada con una especie de cordón labrado. Algunos huipiles eran cortos, de tejido delgado, transparente y adornado con dibujos hechos con técnica de brocado.

Gran parte de la población estaba dedicada a las jornadas agrícolas, por ello la mayoría de la gente vestía sencillamente: las mujeres con el huipil o hipil o una falda y su manto; y los hombres con una especie de calzón llamado patí. Repetimos, sin embargo, la nobleza utilizaba ricos y complicados atuendos bordados con plumas y gemas, calzaba sandalias de cuero y lucía grandes tocados de plumas, además de collares, pectorales y pesados cinturones con incrustaciones de nácar y piedras grabadas. Otras prendas comunes entre los nobles fueron las faldas, capas cortas o largas, chaquetas (generalmente de piel de jaguar o algodón), adornos de conchas, caracoles y diseños geométricos. Aparte del tocado, algunos nobles y sacerdotes llevaban enormes orejeras, narigueras, brazaletes y anillos de jade, cuarzo y oro, y se perforaba la barbilla, bajo el labio inferior, para incrustarse un besote o barbillera de jade, cuarzo, cristal u otra preciada piedra.

Entre los accesorios había sombreros, turbantes, penachos, diademas y gorros cónicos. Por lo general el jade es muy utilizado hasta el 900 a. C. (aunque no desaparece) y posteriormente llega la joyería de oro.

Podemos imaginar, por las pinturas de Bonampak, la riqueza y suntuosidad que irradiaban estos atavíos en las ceremonias y también en las batallas, en donde los guerreros añadían al vestuario sus armas, escudos y cotas o chalecos protectores también profusa y bellamente adornados.

Gerardo Martínez.

http://www.galeriatataya.com

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