el retoque fotográfico como un vía para alcanzar el arte

el retoque fotográfico como un vía para alcanzar el arte

de Luis Arturo Aguirre, el artista

Recoge a la calle y la encapsula entre maquillaje, desviste a los vestidos y trasvestida la autenticidad del hecho, no los reparte ante nuestros ojos como golosinas de colores, como un caramelo retocado en cianuro o una paleta con sabor a gasolina, a tequila en vaso manchada de grasa labial.

El pintor de retoque, en photoshop nos trae la sensación del divertimento, con el amargo licor de la calle y las jergas nocturnas antes de que salga el travesti masculino a campanear su verga entre los asistentes, que aturdidos en humo, chelas y droga no prestan atención sino al chisme de aquel y del otro. El marco perfecto para revelar las pestañas postizas  y los colores disueltos en la cara. Silicona por aquí, rellenos plásticos, pelucas color beige Número 5. perfume generico de Channel y un estridente jileeeeeeeee mexicano que quema tu tímpano y te hace ver las estrellas que corroen.
Alma de tu alma virgencita que me has hecho tan bella
ante nosotros el premio, el premiado, su obra

Gerardo Martínez (con inmensas gracias a Lizardo Chijona, quien amablemente me dio a conocer este artista)

Nace en Guerrero, 1983. Cursó el Seminario de Fotografía Contemporánea 2011 del Centro de la Imagen, así como talleres de fotografía en la Universidad Loyola del Pacífico, el Colegio de Fotografía Gabriel Figueroa, en Guerrero, y el Programa de Formación de Fotoensayo, en Hidalgo. Cuenta con dos exposiciones individuales: El hombre del jaguar y Ojos que sí ven… De manera colectiva ha expuesto en la Galería José Hernández Delgadillo, el Centro Cultural Acapulco, el Centro Cultural Casona de Juárez en Guerrero, y el Festival Tempocolor 2012 en Bélgica. Recientemente obtuvo la beca Jóvenes Creadores del Fonca (2012-2013) y en 2009 obtuvo la beca PECDA Guerrero. Su obra forma parte de la colección de la Fototeca Nacional del INAH. Actualmente vive y trabaja en Acapulco.

DESVESTIDAS

…Recuerdo la primera vez que vi a un travesti. Fue un momento que me conmocionó y se quedó guardado en mi memoria. Tenía entre siete u ocho años de edad. Acompañaba a una tía a hacer unas compras en el mercado central de Acapulco.

Pasamos frente a un puesto de frutas y ahí  estaba «él», con su cabello chino, muy moreno, brazos fuertes, los párpados pintados con sombra azul eléctrico y sus labios rojos.

-Pásale güerita -le dijo a mi tía-.
No sé si su voz o cuerpo me provocaron confusión o asombro.
-Tía, ¿y él qué es? -pregunté-.
– Ah, él es un chico chica -me contestó-.
No hubo más respuesta que esa. Yo tampoco hice más preguntas.

El proyecto surge de mi asombro ante los travestis. Me sorprende la capacidad que tienen para convertirse en «mujeres» increíblemente  bellas. A través de rellenos dan nuevas formas a su cuerpo; con pelucas y maquillaje modifican sus facciones y feminizan su mirada.

A los travestis se les llama comúnmente «vestidas», de donde deriva el título de la serie. Lo que hago, es despojarlos de su ropa y entonces quedan «desvestidas». Es ahí donde se hace evidente la parte masculina, y se genera un juego de doble identidad entre lo masculino y lo femenino.

Haciendo uso del cliché y la obviedad, he representado diferentes historias que hablan de mujeres reales y utópicas.

Tomado de su catálogoResultado de imagen de Luis Arturo Aguirre
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